En el marketing digital actual, los videos cortos son clave para la decisión de compra del usuario. Su relevancia no está únicamente en la breve duración con la que circulan, sino en la capacidad de provocar sentimientos inmediatos. La estrategia es apelar a las emociones y generar en el usuario la sensación de que es parte de la experiencia.
Rodrigo Idalsoaga, publicista y docente de la Universidad Andrés Bello, explica que el merchandising va mucho más allá de un regalo publicitario: engloba la gestión del punto de venta, cuyo objetivo es modificar patrones de compra mediante el priming —fenómeno inconsciente donde un estímulo previo influye en cómo pensamos, sentimos o actuamos después—. Las marcas no adoptan elementos del brain rot de forma literal, sino que adaptan sus códigos al marco de seguridad reputacional y comercial de cada empresa, y los someten siempre a un filtro: "Si deciden tomar elementos del brain rot, los 'maquillan' bajo un filtro de seguridad de marca, sin adoptarlos de forma ortodoxa".
Jorge Gavilán, publicista con trayectoria en marcas como Coca Cola, Falabella y Nestlé, asegura que "la marca que deja de hacer brain rot desaparece".
Cómo las marcas chilenas hablan el lenguaje del brain rot
Más que incorporar el brain rot de forma literal, las marcas chilenas han comenzado a adoptar sus códigos comunicacionales según la línea editorial de cada empresa: humor absurdo, ironía, referencias virales, un contenido diseñado para captar la atención en segundos. En lugar de explicar un mensaje de forma tradicional, muchas marcas de nuestro país buscan insertarse en tendencias que ya están ocurriendo en internet, ya sean memes o fenómenos virales que concentran la atención colectiva.
Uno de los casos más visibles es WOM. En 2025 la marca reaccionó a un video viral que cautivó las redes sociales en un concierto de Coldplay, cuando una pareja fue captada por la kiss-cam y resultó ser amantes. Bajo ese contexto, rápidamente la empresa publicó una imagen que utilizaba el humor del momento con el texto "Pilla un plan para portarte bien" —un juego de palabras que conecta el no ser descubierto como la pareja de la kiss-cam con un plan de telefonía de la marca, instalando el producto dentro del chiste—. El video original —bajo la palabra clave de #coldplaygate— superó los 100 millones de reproducciones en TikTok en pocos días.
Herramientas de medición: seguimiento al consumidor
Captar la atención es apenas el primer paso. Para ejecutar esta estrategia con precisión existe el Eye Tracker: una metodología que evalúa los movimientos oculares para estudiar cómo el consumidor captura elementos con la mirada. Una cámara sigue exactamente a donde van tus ojos cuando ves un aviso, una pantalla o un producto. Lo que más llama la atención primero revela cómo toma decisiones el cerebro antes de que el usuario lo sepa.
Rodríguez explica que el dispositivo permite trazar los movimientos oculares en respuesta a un estímulo. Consultado sobre el mismo mecanismo, Miguel Ángel Ruiz, experto en neuromarketing y autor de Neuro UX, complementa: "Esta tecnología permite identificar qué elementos visuales capturan primero la atención del usuario, siguiendo el orden de prioridades con que el cerebro procesa la información: formas, colores, imágenes, números y palabras".
Existen herramientas predictivas como los modelos de atención predictiva (IA visual) —un software que predice qué elementos capturan la atención visual en los primeros tres segundos, optimizando estudios antes de probarlos con humanos— que permiten medir el foco, la atención, la demanda cognitiva y el engagement para evaluar qué estímulos capturan instantáneamente al usuario. No dependen de lo viral; dependen de activar estímulos antes de que cualquier filtro racional o cultural intervenga en la decisión del consumidor.
Pero el seguimiento al consumidor no se detiene en la pantalla. Melanie Reus, investigadora de mercados gastronómicos con grado de marketing en la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que las marcas llevan décadas perfeccionando cómo los cinco sentidos operan como palancas de fidelización, y que entre todos ellos el olfato se impone con ventaja científica: "El olfato es uno de los sentidos más poderosos porque afecta directamente al sistema límbico, responsable de las emociones y la memoria a largo plazo. Podemos recordar un aroma con un 65% de precisión después de un año, mientras que el recuerdo visual alcanza un 50%".
Tanto en el supermercado como en el celular, el mecanismo es el mismo: llegas por una cosa y terminas consumiendo muchas más.