Un teléfono muestra el gesto de compartir un viral con contactos específicos, eje del subtema sobre humor digital y vínculos. Fotografía: Camila Cárdenas y Martina Drago.
HUMOR DIGITAL
La comunicación entre usuarios al compartir memes virales en Chile
El brain rot se convirtió en un comportamiento social: mandar un meme a la persona equivocada puede ser una catástrofe mediática. ¿Por qué compartir un viral en Chile es lo que define un vínculo entre amigos?
Martina Drago Lucic - Camila Cárdenas Segovia
APERTURA
En Chile todos tenemos a esa persona favorita a quien le bombardeamos el celular con memes y virales día y noche. Ese alguien que comparte tu mismo humor, las mismas referencias o el mismo tipo de dolor disfrazado de meme.
Para Javiera Farías esa selección de memes ocurre de forma casi automática. "Generalmente suelo compartir ese tipo de contenido con mi pareja y amigos que coinciden con mi mismo humor". No se trata de enviar videos a cualquiera, sino de enviárselos a quienes sabes que entenderán la referencia y reaccionarán de la misma forma.
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No cualquiera reacciona al mismo tipo de humor
La interfaz de envío convierte el meme en una decisión social: elegir quién entiende la referencia y quién queda fuera. Fotografía: Camila Cárdenas y Martina Drago.
Hay videos de contenido corto que le llegan a dos o cinco personas máximo TikTok e Instagram. El humor irónico no es una referencia para cualquiera. Un reel de ansiedad solo lo entiende quien también lo vive. El viral absurdo necesita un contexto compartido para que tenga gracia, es decir, que entre usuarios hayan experimentado situaciones de vida similares para evitar un mal recibimiento del contenido. Ya que, un video mal visto por parte de quien lo recibe significa un rechazo social directo hacia la persona que lo envió.
En esa línea, enviar piezas audiovisuales de este tipo a la persona equivocada resulta, en el mejor de los casos, incómodo. Por eso su elección no es casual. El psicólogo clínico Felipe Irureta explica que “los reels y los shorts no pasan por la memoria de trabajo y eso impide que se anclen en la memoria a largo plazo”. El video que se compartió se olvida rápido, pero lo que no se olvida es quién lo mandó o para quién se guardó mientras se hacía scroll. El criterio real no está en el contenido, sino en quien recibe lo que compartes.
Esta lógica también la experimenta Farías. A pesar de que comparte contenido principalmente por Instagram, también lo hace por WhatsApp y TikTok cuando cree que un video encaja mejor con una persona en específico. La plataforma cambia, pero el criterio es el mismo: primero pensar en quién lo va a recibir.
DATOS · TENDENCIAS
Interés de búsqueda por 'brain rot' en Chile el último año
El interés alcanzó su punto máximo en agosto de 2025 y luego se volvió más intermitente, con repuntes aislados durante el resto del periodo. Los datos confirman el patrón de ciclo que define al fenómeno.
Índice Google Trends · Semana
Gráfico de línea semanal del interés de búsqueda por “brain rot” en Chile. El valor máximo es
100 en la semana del 10 de agosto de 2025.
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El emoticón también es dopamina
Compartir algo gracioso y esperar la reacción de la otra persona no es tan distinto a seguir scrolleando. La psicóloga y terapeuta estratégica, Bárbara Vandorsee, precisa que la dopamina “es la molécula que te guía hacia la novedad y la anticipación”. En el feed, esa anticipación es el próximo video. En el intercambio, es la reacción de un emoji de risas o un “JAJA” que viene después. La diferencia está en que durante el intercambio, hay una confirmación de que la otra persona lo entendió de la misma forma. Se comparten el humor, la referencia. Eso no es un consumo pasivo, sino una conversación a través de virales.
Por lo tanto, compartir memes y virales en Chile funciona para poner a prueba los vínculos entre amigos, porque no todos obtienen lo mismo. Y los que reciben cierto tipo de contenido saben que ocupan un lugar específico en la vida de esa persona.
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Cómo el humor se convierte en el idioma de internet
Hay memes para cada tipo de humor. Los memes sobre ansiedad, depresión o procrastinación, nadie los envía solo porque sean graciosos; se comparten porque quien lo vio pensó “esto también le pasa a él/ella”.
En esos casos, el contenido es casi irrelevante. Lo que importa es el gesto. Compartir memes es una forma de decir “esto me recordó a ti” sin tener que decirlo. La tragedia de unos se vuelve el humor de otros. Por lo que durante ese intercambio se construye algo que ningún algoritmo ha podido diseñar pero que de igual forma se aprovecha: un vínculo real, disfrazado de contenido basura —el mismo brain rot que las marcas aprendieron a instrumentalizar, pero que aquí opera entre personas, sin estrategia de por medio—.